Reflexiones | Cae la bandera


 Todos hemos pensado en algún momento de nuestras vidas en tirar la toalla, en dejar caer la bandera que nos guía. A veces queremos salir y dejarlo todo atrás. Caer en el abismo que son las noches a solas, en el camino que queda por delante. El insomnio acude a nuestra vigilia caminando hacia atrás por mucho que quieras avanzar. Cae la bandera y, por primera vez, estás orgulloso de ello. Ya no te importa seguir, ya no tienes que contentar a nadie, ni querer ver a más nadie que te invite a salir. A vivir. Esa bandera cae y no hay nadie que la recoja, que te avise que dejas tu vida ahí, tirada en un parque cualquiera mientras el viento la mueve sin miedo. Con fuerza. 

Levantas la cabeza una mañana, miras al cielo y no sientes ese peso. Ese dolor en el pecho que te oprime los nuevos recuerdos, las nuevas historias, los sueños que aún estás por cumplir en este camino que es el infierno. A veces te miras al espejo intentando descubrir quién es al que miras cada mañana. Has perdido ese amor, ese camino al infierno aunque acabes en el cielo. Esa bandera cae... Y por primera vez en mucho tiempo te da igual. Sueños, locuras, amigos, futuros, pasados y presentes, todo un bucle que camina a nuestro lado sin conocerlo porque, simplemente, estamos centrados en seguir caminando. 

Hasta que llega el momento. Alguien se acerca a esa bandera, ajada, rota por el viento y la lluvia y los golpes, la levanta y crea una brisa con el trozo de tela que es tu vida. Una mañana te levantas y lo sientes, esa brizna de viento que eriza la piel de la nuca, ese brillo en los ojos que vuelves a ver por las mañanas. No sabes el motivo, solo que tienes ganas de descubrirlo. Ese camino empieza, no sabes donde vas a acabar ni quién sostiene esa bandera que perdiste hace tanto tiempo ya. Solo quieres buscar y buscar y buscar. Hasta que llega el momento. 

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