Opinión | Hambre para hoy, circo para mañana

 

El pueblo está cansado de seguir luchando cada día. Está cansado para salir a pelear y reventar las calles cuando ve que la clase política de este país no son más que cuatro ratas peleando por un trozo de pan. Pueden bajar las pensiones, pueden aumentar la fecha de jubilación, puede recortar derechos sociales, pueden hacer lo que quieran porque saben que el pueblo jamás alzará la voz si no hay un partido de fútbol de por medio. Somos borregos en un rebaño que no sabe donde va, ni tiene interés en saberlo. Aquellas voces que levantan la voz son calladas por el ruido mediático y por los medios de comunicación que no tienen interés en morder la mano que les da de comer. 

Y hablo de ambos lados de la política de este país. Tenemos a un gobierno que se vende al mejor postor por tal de sacar adelante sus propios intereses partidistas dándote por un lado un mínimo de aumento en el SMI pero por otro queriendo aumentar la edad de jubilación. Tenemos a una izquierda peleando por un trozo de carne que ya está pasada, intentando vivir un poco más del cuento hasta que el pueblo se de cuenta y los deje de lado. Muchos partidos han llegado y se han ido del panorama de este país en pocos años. Podemos es un chiste de lo que en su día fue y VOX ha quedado para ser devorado por sus propios intereses mientras que periodistas de pandereta y alborotadores consiguen casi más votos que ellos en unas elecciones europeas. 

La izquierda solo tiene el nombre del partido que representa. La derecha es casi un muñeco de la ultraderecha, que manejan casi a su antojo hasta que vieron las orejas al lobo y se vieron fuera de todo. Quedan los partidos arribistas de un lado y de otro intentando quedarse con las migajas de un pastel demasiado lleno para los de arriba y sin que las migas lleguen siquiera al pueblo. Luego nos vemos a los partidos volver a la calle cada cuatro años, a demostrar que siguen siendo el pueblo, a limpiar las calles, a empezar obras que dejan sin acabar una vez pasan las elecciones y a tender una ropa y unos sueños que dejan una vez consiguen del pueblo lo que quieren.  

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