Opinión | La impunidad del cobarde

 

Vivimos en un momento en el que tenemos impunidad para opinar de los demás sin que nadie nos rebata la opinión. También es cierto que, como sociedad cobarde, estamos acostumbrados a opinar de los demás cuando ese demás no se encuentra frente a nosotros. Somos más valientes para hablar de los problemas de los demás que intentar gestionar los que tenemos en nuestra casa. La superioridad moral que demostramos ante los problemas de la gente como si fuéramos el juez de la semana de cualquier programa de televisión. Eso sí, nadie puede opinar de tu punto de vista ni rebatir tu forma de ver la vida porque, basta decir, está equivocado y no sabe lo que dice. 

La connivencia de quien lo escucha y no rebate ese argumento también es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. Nos quedamos impasibles ante los ataques que la estupidez usa para sentirse superior a los demás. En muchas ocasiones lo disfrazamos de mofa y opinamos, diseccionamos y destrozamos cosas que, si fuéramos valientes, nos callaríamos o, en su caso, se lo diríamos a la persona en cuestión. Pero somos cobardes, como sociedad no tenemos el valor suficiente para decir a los demás lo que nos molesta porque nos da miedo que nos puedan responder. 

En mi caso suelo ir de frente ante los demás. He perdido amistades por ello que, supongo, preferían que opinara de ellos con los demás antes de comentarle las cosas a la cara. Nos hemos acostumbrado a que nadie nos rebata nuestros ideales y cuando alguien lo hace, lo tachamos de nuestra lista y lo abandonamos en una cuneta en vez de debatir y escucharlos, por si acaso estuviéramos equivocados. Somos perros viejos que no queremos que nos remarquen nuestros errores. La libertad de las redes sociales y de reuniones de amigos que nos dan esa impunidad para destrozar a quien no está delante pero luego jamás tuvo el valor de decírselo a la cara, es de esas cosas que me dan asco de la gente que va dando lecciones a los demás sin ver que en su casa tiene los mismos, o peores, problemas de la persona a quien ataca. Quizás sea para tapar su basura, esconder sus problemas o evitar que los demás se den cuenta de su realidad. 

Al final es como decía mi abuela, "no critiques la suciedad de la casa del vecino cuando la tuya tiene mierda sin limpiar".  

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